En esta ocasión os dejamos una singular noticia de piragüismo. Y es que no siempre se tiene la oportunidad de remar en una prueba como esta. Pero… mejor que os lo cuente una de las protagonistas… Crónica y vídeo de Aura.

Impresionante río, impresionante paisaje, impresionante paliza, ¡madre mía cómo duele todo el cuerpo…! Pero ha merecido la pena, ha sido para mí todo un reto lleno de dificultades y con Keko hemos logrado superarlas, aunque tendré que pasar por la consulta de mi dentista en cuanto llegue a Astillero, porque me da que por el camino he perdido varios empastes…

PRIMER EMPASTE: PREMOLAR SUPERIOR IZQUIERDO EN LA SALIDA

Chica, lo mío no eran nervios, era una taquicardia pura para desesperación de Keko, quien veía el río con los ojos de alguien experimentado en descensos bastante más complicados y peligrosos. Pero era tanto lo que nos habían dicho del Ardeche que yo me llevaba el canguelo encendido en máxima potencia, con la mandíbula apretada y el cuerpo atenazado. Además, pagamos la novatada de no saber que estos franceses adelantan unos cinco minutos la salida, en cuanto los élite y el grueso de los competidores están en línea, para evitar que la corriente se los lleve. Así que, cuando sonó el cornetín, estábamos con Medrano, Jorge Cinto y compañía por atrás, entre los plásticos y los R, y pasamos el banderín de salida con casi cuatro minutos de retraso. Tocaba remontar. Con lo bien que estábamos remando días atrás, iba a ser pan comido… salvo por el hecho de que me atoré de pura mieditis. “¡Aura, que ya estamos en regata!” “Lo-lo s-sient-to, Ke-keko… Cr-Creeo que s-se me ha c-caído un em-m-paaste…”

SEGUNDO EMPASTE: ESA AMALGAMA DICHOSA QUE TODAVÍA ME QUEDABA POR CAMBIAR

El nervio me impedía coordinarme con Keko, cuya habilidad nos permitió salvar saltos preciosos a pesar de los R erráticos que se nos cruzaban por todas partes. El cañón del Ardeche sobrecogía por su belleza y el paso por debajo del Pont D’Arc es imponente, la marca de un mundo mítico construido, quizá, por el dios-mamuth gigante que pintaron los antepasados en las increíbles cuevas de Chauvet.

A medio recorrido, cuando llevábamos una hora ya, ¡oh, fatalidad!, tomamos mal un rabión y antes de poder corregir se nos cruzó un R1 que iba peor enfilado que nosotros; nos echó contra el violento rebufo de agua de una piedra sumergida y nos tiró, porque no tuve la picardía de aferrarme al molondrón ese con los dientes. “Pardon”, le dije incluso al tipo, ¿pardon?, ¿encima? ¡Anda que tenía que haberle clavado las uñas y no haberme soltado! Que no se puede ser tan educada, porque por buenina (que me dio pena la cara de susto del hombre) volcamos nosotros y perdí otro empaste por el susto. Otro empaste, la pala y el cubrebañeras, para más fastidio. La pala nos la recuperaron los de seguridad, unos albardados que nos lanzaron la cuerda de rescate cuando ya estábamos en la orilla.

TERCER Y CUARTO EMPASTES: HASTA LA ENDODONCIA RETEMBLABA.

Pues sí, por el frío después del baño. Es lo que tiene hacer la sirenita en un río alpino a estas alturas del año. Menudo castañeteo de dientes. Y encima, como se me perdió el cubrebañeras, nos veíamos obligados a tomar el camino “largo” en los rabiones, aunque fuera más lento, para no entrar en las olas más altas; de hecho, los rabiones que no podíamos sortear escapando por la orilla nos llenaban de agua el barco y se reían de las bombas de achique. Tuvimos que parar tres veces a achicar; en una de las ocasiones además me quedé un buen rato al sol en una piedra, para ver si entraba en calor y dejaba de temblar cual azogada. Entre vuelco, paradas y achiques perdimos media hora cumplida. Si le añadimos que el frío nos atenazaba y que terminamos reventados, los últimos kilómetros hasta meta, incluido el hermosísimo tramo final con el pueblo amurallado de Aiguèze saludando desde lo alto de los farallones, fueron un mero sobrevivir y aguantar. Pero llegamos. Lo conseguimos. Pese a todo.

¿EL EMPASTE DE LAS MUELAS DEL JUICIO? ¡NO, QUE ESAS YA NO LAS TENGO!

Por un momento pensé en abandonar. Hubo un instante en el que me pregunté cómo había llegado hasta allí. Pero pasó pronto. Los ánimos, el apoyo y el entusiasmo de Keko me hicieron seguir adelante hasta el final. Algún día volveremos, con los nervios controlados, y nos quitaremos la espinita de hoy. El Ardeche llama.

Y ahora os dejamos con el video del MARATHON INTERNATIONAL DES GORGES DE L’ARDECHE.

Web oficial de la prueba: http://www.marathon-ardeche.com/

MARATHON INTERNATIONAL DES GORGES DE L’ARDECHE